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Este artículo consta de varios apartados que he ido escribiendo a medida que se han sucedido los diferentes acontecimientos. El objetivo es no dejar indiferente a nadie e incentivar al sentido común en el deporte.

DEPORTE DE COMPETICIÓN: VAMOS A CONTAR MENTIRAS TRALARÁ!

 

Es increíble como se sigue con la hipocresía en el deporte de competición. Los deportistas hacen lo que les exige el público y éste, desde los circos romanos, desea ver seres sobrehumanos.

 

En Barcelona 92 pocas personas asistieron a las pruebas olímpicas de remo de mi ciudad natal Banyoles. Si los medios de comunicación hubieran anunciado que por primera vez en la historia del deporte un remero cruzaba los 2.000 metros que tiene la pista olímpica con cinco paladas y en tan sólo veinte segundos, Banyoles hubiera estallado de espectadores ansiosos de ver esta proeza.

 

Si además se hubiera dicho que el remero lograba esto debido a una substancia “natural” extraída del pabellón auditivo de los elefantes en periodo de crecimiento. Si se hubiera comentado en los medios que esta substancia denominada Dumbolina le aumentaba el rendimiento de forma sobrenatural, le había hecho crecer el pabellón auditivo hasta llegar a un tamaño de un metro y le permitía moverlo a una velocidad de vértigo con lo que volaba sobre las aguas, entonces, Banyoles hubiera sido el centro de atención del mundo durante las pruebas de remo de Barcelona 92 y un referente para siempre jamás.

 

Si comparamos un partido del Madrid-Barça de los años 70, en las televisiones en blanco y negro, con cualquier partido de la Liga actual podremos ver como ha mejorado la forma física de los jugadores. En la actualidad podemos comprobar como en el minuto ochenta de juego los jugadores siguen con la misma potencia, fuerza y energía como en el primer minuto. Hace cuarenta años, en los diez últimos minutos e incluso antes, se dejaba notar el cansancio.

 

Se puede pensar que han mejorado mucho los sistemas de entrenamiento y los desayunos de los deportistas o se puede ser más curioso, suspicaz y observador leyendo y escuchando lo que escriben en pequeños apartados y dicen con la boca pequeña los comentaristas deportivos sobre productos anabólicos, hormona de crecimiento, EPO,…

 

En otros deportes es cuestión de creer que los esforzados deportistas han logrado cuerpos con capacidades sobrenaturales y pueden hacer epopeyas impensables hace veinte años como son las etapas de ciclismo en las distintas pruebas mundiales.

 

El último caso, en este deporte, es el de Mikel Astarloza, por el momento el único corredor al que se le han detectado substancias dopantes. Fue suspendido con efecto inmediato por la Unión Ciclista Internacional al dar positivo por EPO en un control antidoping previo al Tour de Francia.

 

Debemos creernos que los atletas, nadadores, ciclistas, futbolistas y todos los demás deportistas de competición son totalmente legales y que sólo Astarloza ha sido el que ha tomado substancias dopantes. Los demás deportistas de competición son seres sobrehumanos de los que nos seguirán contando mentiras tralará!


SI AL DOPING, NO A LA HIPOCRESIA

Desde el primer momento de la noticia de la muerte de Antonio Puertas manifesté que sería muy importante barajar la posibilidad de que hubiera habido algún tipo de dopaje que no hubiera salido como se esperaba.
Creo imprescindible realizar una investigación exhaustiva pues hay que dejar de lado la hipocresia y dar paso a la realidad de forma controlada y responsable.
Una gran mayoría de técnicos y médicos deportivos aceptan que el doping en el deporte es muy extendido. En pequeño comité se cuentan las realidades ocultas que deberían saber deportistas, familiares y todo tipo de público.
El deporte de competición debe ser claro y transparente y las personas que quieran jugar deben saber con que se enfrentarán y sus consecuencias. Ahora la ciencia médica y farmacológica puede avanzar muy rápidamente pues hay muchas personas capaces de poner en riesgo su vida a cambio de una medalla, una copa o algo de fama deportiva, ya no es preciso acudir a los condenados a muerte para ensayar con fármacos. Algunos deportes profesionales ya están libres de controles antidopage y se logran unos resultados sobrehumanos que causan la admiración de un público ansioso de hazañas.
Por su parte, los equipos médicos tienen que estar al corriente de todo y asumir sus responsabilidades, sus aciertos y sus errores. Mientras, el público podrá seguir disfrutando de los avances farmacológicos que transforman a deportistas en seres sobrehumanos o que les causan la muerte.
Lo que es imprescindible es dejar de lado la hipocresia y asumir la realidad.

UN ASMÁTICO SE PROCLAMA GANADOR DEL TOUR
La industria farmacológica está de enhorabuena, pues va a lograr que una persona que sufre broncoespasmos durante el ejercicio, asma, bronquitis permanente, enfisema pulmonar, parálisis temporal o insuficiencia renal se proclame vencedor del Tour. La Unión Ciclista Internacional, consciente de que hay muchos ciclistas profesionales que padecen alguna de estas enfermedades, permite a los pobres ciclistas enfermos que puedan seguir con la práctica de su deporte favorito mediante la toma de su medicación apropiada y que ésta no sea considerada como doping. Oscar Pereiro se consagrará así como el primer ciclista enfermo que gracias al Salbutamol ganó el Tour. Se supone que los demás participantes del Tour deben sentirse muy deprimidos al saber que han sido vencidos por una persona que precisaba medicación para poder respirar con normalidad. Lo que no se puede asegurar es que la opinión pública se crea tanta hipocresía a pesar del ansia por disfrutar de nuevos records y de estrellas deportivas sobrehumanas. Es imprescindible informar a los deportistas de los riesgos que comporta la administración de los grandes avances farmacológicos y si los mismos están de acuerdo en asumirlos dejar la puerta abierta al doping en el gran circo romano que se han convertido todos los deportes. Por cierto mamá, no digas que practicas deporte, tú haces ejercicio físico para la mejora de la salud y la calidad de vida.

DOPAJE, HIPOCRESÍA E IMPUNIDAD
Roberto Heras (un ciclista español) decía que el hecho de haber dado positivo en un control antidopaje era un error. La indignación que provoca el hecho de ser consciente y conocedor de lo que toman los deportistas para lograr batir sus records y la hipocresía que constantemente ellos y los equipos médicos hacen gala me incitó a esta breve y clarificadora respuesta a su lamento.

EFECTIVAMENTE FUE UN ERROR ROBERTO HERAS
Exigir al cuerpo humano esfuerzos para demostrar que puede superar records constantemente y premiar social y económicamente por ello es un error. Creer que esta superación la pueden lograr seres genéticamente superiores y con entrenamientos secretos es otro error. Pensar que el público desconoce que el dopaje deja una la larga lista de jóvenes muertos en plena carrera deportiva y graves secuelas en los supervivientes de esta loca galopada hacia el efímero y huidizo éxito es otro error. Somos muchos los que somos plenamente conscientes que la mayoría de los triunfos, muchos partidos y todas las olimpiadas son mérito de la industria farmacológica. Lo que se debe plantear es si lo que es un error es poner límites al suicidio de un deportista. El tiempo pasa factura a todos los que han entrado en esta ruleta rusa de la práctica del deporte de competición y entonces saben si fue un error. La lástima es que luego la vergüenza provoca el silencio.
DOPING, CUANDO CRECEN LAS MANDIBULAS
Cuando además de crecer la nariz por decir que es un error (Roberto Heras), crecen las mandíbulas, las manos y, lo que resulta todavía más peligroso, los órganos internos, una de las cosas que se nos ocurre pensar a los profesionales del ejercicio físico y de la salud, en general, es que el individuo que presenta todos estos síntomas ha realizado tratamientos con hormona de crecimiento. Llama la atención el parecido fisonómico que existe entre todos los ciclistas de competición; sus sospechosamente parecidos mentones, con toda seguridad, les ayudan a cortar el aire pero no pueden ser el resultado de apretar los dientes para superar los muchos quilómetros que se les exige. Más bien hay que pensar que representan una de las consecuencias de la administración de peligrosas ayudas ergogénicas, las cuales, además de incrementar desmesuradamente el tamaño de determinadas partes del cuerpo y ser las directas responsables de algunas muertes prematuras y repentinas, proporcionan, eso sí, los cada vez más polémicos records deportivos. Cuando la potencia y el deseo sexual aumentan en la misma proporción que la masa muscular o que el rendimiento deportivo, y con los años se va produciendo una atrofia testicular que acaba siendo el desencadenante de un más que probable cáncer de próstata, estos son los síntomas más evidentes de que el deportista se ha sometido a algún tratamiento con hormona masculina. Tan incuestionable es el mérito de los deportistas de competición, como el que tiene la industria farmacológica. Los resultados deportivos son la demostración de lo primero, y los contraanálisis son la prueba de lo segundo. Es inútil cualquier esfuerzo que se haga por intentar hacer creer al público que los logros deportivos, hoy por hoy, se consiguen únicamente con entrenamiento y dedicación; hay elementos que contribuyen en mayor medida, y no son precisamente el sexo, ni el alcohol. El propio Landis tuvo que rectificar, sonrojándose, después de haber atribuido sus altos niveles de testosterona al abuso de cerveza o whisky, a tratamientos para solucionar problemas de la tiroides o a practicar sexo. En realidad sólo hay dos posibles hipótesis: la que sostiene el propio Landis, de que nos encontramos ante otro fenómeno de la naturaleza cuyo organismo es capaz de producir inusuales niveles de testosterona o que, como en la mayoría de deportistas de competición, la farmacología tiene mucho más mérito que la genética y los muchos años de entrenamiento. El hecho de que el deporte crea amigos en indudable y a nadie se le escapa que los secretos compartidos generan complicidad. Pocos pueden tirar la primera piedra y esto genera solidaridad, especialmente cuando se obtienen resultados deportivos tan parecidos. La cuestión reside en determinar cuándo estos resultados son debidos al mismo entrenamiento y cuándo al mismo producto. Lo que ahora queda por ver es si el actual apoyo que ofrecen los “amigos” superará los resultados del contraanálisis y de los estudios endocrinológicos. Entonces comprobaremos si es amistad o complicidad y si además de la mandíbula crece también la nariz.

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